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Casa del Primer Marqués de Cerralbo

Fachada de la Casa del Primer Marqués de Cerralbo

Situada en la Plaza Mayor de la ciudad ha sido erróneamente denominada, durante años, como “Casa de los Cueto”. Fue promovida por el primer marqués de Cerralbo, Rodrigo Pacheco y Osorio, perteneciente a una de la familias nobiliarias más importantes, casado con Ana Enríquez de Toledo, de la casa de Alba de Aliste. Fue embajador en Roma y capitán General en la Guerra con Portugal. La merced nobiliaria fue otorgada al VI Señor de Cerralbo el 2 de enero de 1533 y a partir de ese año iniciaría las obras de su nueva vivienda, muy cuidada en todos los detalles, pero en especial en el apartado heráldico, que se va a convertir en un auténtico testimonio de gran parte de sus ascendientes.
Sin duda con la intención de dar así realce a su nuevo título y también, porqué no, buscando una comodidad que no le podía ofrecer la antigua y enorme casona (52×73 metros) de los Señores de Cerralbo.
Lo más sobresaliente de su fachada y lo único que conserva de su primitiva traza, son cinco escudos, dos ventanas en ángulo (hoy cegadas) y el singular friso que, a modo de faja, parece ceñir el edificio. El balconaje y las dos puertas de ingreso no corresponden al estilo y época de lo anterior, procediendo de alguna reforma realizada a principios de siglo.
De las ventanas en ángulo sólo se conserva su correspondiente mainel, que en este caso es una columnilla torsa con fuste decorado, distinguiéndose también el cerco.
El friso se compone de cinco tondos con bustos de miembros representativos de la familia y en los espacios intermedios decoración vegetal retorcida a modo grutesco, y figuras míticas alusivas a la riqueza y nobleza. Dos de los cinco escudos animan la parte central del friso y aparecen con soportes: dos monstruos afrontados al estilo oriental.
El edificio, hoy en día, está muy modificado en su aspecto externo y totalmente alterada su distribución interior. La planta baja abre dos amplias puertas cerradas con arcos trilobulados, imperfecto el pequeño, que arrancan de florónes a modo de capiteles. La planta noble tiene tres balcones decimonónicos; en el centro, a juzgar por el baquetón, debió de existir un vano, y a los extremos ventanas en ángulo, tan prodigadas en la arquitectura palacial mirobrigense, tapiadas ya de antes; no obstante conservan el mainel con fuste torso, tan propio de gótico hispano-flamenco, lo que refuerza a nuestro juicio la datación propuesta para las puertas.
No se cree que el tercer piso existiera en origen, más bien parece obra del siglo XIX al igual que el frontón triangular con adornos piramidados que remata toda la fachada. Luego, hacia 1940 se desmontó el tejado a dos vertientes y las pequeñas pirámides, colocándose una balaustrada con bastos octógonos y candeleros. Además se labraron exnovo algunos de los capiteles de las puertas, que al intradós lucen abarcas, en clara alusión al apellido de los nuevos propietarios, indicando quienes fueron los promotores de la última intervención arquitectónica que al parecer encargaron las obras a Maximino Corral Collado, apodado El Guinaldés.